blog Las manos del hombre que se puso el apodo a si mismo sacaron a Racing de Córdoba de ese "calvario" deportivo llamado Federal B. Una atajada milagrosa a los 90' y dos voladas a su palo izquierdo en la definición por penales le dieron el ansiado ascenso a la "Academia".

   "El primer día que llegué al club, se presentaron todos y él decía que se llamaba 'Calidad', en ningún momento te decía que se llamaba Leonardo ni el apellido, nada". Así conoció Marcelo González, entrenador de arqueros de Racing, a Leonardo Rodríguez cuando tenía 14 años. El apodo como un tatuaje. Poco tardó en comprender el porqué de ese apodo. "Ese día yo preparo un trabajo, me voy a la mitad de la cancha a poner unos conos para hacer unos saques, ellos estaban en el arco. Yo tenía una remera con el número 15 y siento que alguien dice 'mirá el 15', seguí caminando y a los dos pasos siento un pelotazo en la espalda, justo en el número. Me doy vuelta y era "Cali" que me pedía perdón arrodillado y se puso colorado". Marcelo lo perdónó. Había escuchado todo y sabía que pateó dónde había dicho. También supo enseguida que tenía un diamante.

   Un poco más tardó en comprender esa pegada. En el barrio siempre jugó de '9'. Y mal no le iba en las prácticas tampoco. En los reducidos hacía goles siempre. Por eso y por su personalidad no tardó en "enfrentar" al cuerpo técnico y largar el pedido: "me cansé, quiero jugar de 9". Marcelo González intercedió y le comentó a "Pancho" Silva lo que pasaba. Afortunadamente para él, Racing perdió con Las Palmas 2 a 1 esa fecha. Silva dejó de ser el entrenador y el "Sapo" Montiveros le dio la '1'. La que cuida hasta hoy. La misma camiseta que no le dio Carlos Ranalli cuando "Cali" le planteó la solución para sacar a Racing del mal momento en el Federal A.

   Era 2009. Racing estaba en el Federal A y en crisis porque no se podía ganar. Mientras el cuerpo técnico debatía buscando soluciones al mal momento, "Cali" se acercó y se dio la charla que Marcalo González recuerda aún hoy al detalle. Tenía 17 años. 

- Cali: "perdón que me meta, ¿puedo decir una cosa?".

- Ranalli: Sí.

- Cali: ¿Sabe cuál es la solución de tu equipo?

- Ranalli: ¿Cuál?

- Cali: Soy yo. Si vos me pones a mi vamos a empatar cero a cero o vamos a ganar uno a cero. Goles no me van a hacer.

     Una personalidad avasallante fruto de la confianza total en sus condiciones. Condiciones que le reconoce su entrenador y sus compañeros. "Es un arquero que tiene mucha potencia de piernas, es muy rápido, muy vivo y muy ágil", describe González. Mateo Bustos lo conoce desde los 13 años cuando llegó a entrenar a la '92 de Racing con "Cali" y Hernán Olocco, lateral derecho del campeón. Y cuenta su experiencia como compañero: "nos salvamos del descenso con la local, figura el "negro Cali" como siempre, si había un penal nos preparabamos para la contra porque sabíamos que lo atajaba". Y remata con un deseo: "ojalá algún día juegue en primera división, es un arquero de primer nivel". El cápitan de Racing, Juan Pablo Rezzónico cierra con una afirmación contundente que va más allá de sus cualidades técnicas: "Es el jugador más querido de toda la institución. El transmite con su personalidad, sus gestos y su simpatía. Ni hablar en lo deportivo con todo lo que le dio a Racing".

   Esos mismos penales que no le permitieron festejar en 2015 de local, lo encumbraron como héroe "académico" en 2017 en Salta. Penales que tuvieron poco de suerte y mucho de trabajo. "No lo entrenamos puntual, pero después de la práctica todos se ponen a patear penales porque él les pide. Es una virtud que sabe que tiene y trata de mejorarla", cuenta González. Mateo Bustos no quisiera patearle un penal a su ex compañero. "Yo soy de patear penales en el club que juegue, si hay un arquero al que no me gustaría patearle es al 'negro Cali' porque me conoce bien, sabe donde pateo y sabe que con él cambiaría. Y el pateador cuando cambia, pierde".

   Ese día de diciembre. Esa tarde de la cancha de Central Norte. Ese día que era el día de empezar a volver la confianza en "Calidad" era aún mayor. Rezzónico se lo dijo antes de empezar la definición después de darle un buen abrazo: 'Nosotros confíamos a muerte en vos, ahora te toca a vos, nos vas a hacer ascender'. Motivos no le faltaban al capitán en su afirmación. El día anterior atajó 10 penales seguidos en el entrenamiento. Los guantes del '1' hicieron el resto, taparon dos penales y se fueron a la casa de Rezzónico. "Termino el partido, lloramos, lo festejamos como se corresponde ese ascenso y me dio los guantes. Los tengo guardados y les pienso hacer un cuadrito y guardarlos de recuerdo porque estoy seguro de que va a trascender aún más como arquero y va a jugar en un nivel distinto al que estuvo acostumbrado estos últimos años".

   Esas atajadas de aquel viernes salteño lo encumbraron al lugar que siempre quiso. Ser ídolo de Racing. Ser el héroe del ascenso al Federal A. A pesar de los festejos, a veces una actuación así no es lo más aconsejable para sus compañeros. Bustos lo cuenta entre risas. "El negro es un fenómeno. ¡Se agranda! Cuando se agranda es peor. Vos al negro tenés que decirle: 'Calidad te comiste un gol o perdimos culpa tuya'. Porque si el 'negro' es figura y vos le decís: 'Negro ganamos gracias a vos', chau. No entra por la puerta grande del Sancho. Un agrande".

    Los hinchas lo aplauden porque los sacó del pozo y los puso en el camino que marca la historia de Racing de Córdoba. Sus compañeros deberán aguantar su "agrande" porque sus guantes los llevaron al profesionalismo. El largo camino "academico" de volver a ser necesita de jugadores con jerarquía y personalidad. Tienen que buscar diez más, porque en el arco la "Calidad" está asegurada.

Por: Agustín Castoldi. Foto: Realidad Deportiva.

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