Granjas porcinas chinas: una apuesta política y económica que preocupa por sus riesgos ambientales

Según el último informe del Indec, en junio las exportaciones de la Argentina a China crecieron 51,7% en un año. Del total, el 54,6% fueron porotos de soja. Con estos números, China desplazó en junio a Brasil como principal socio comercial del país.

La presencia de China en la economía nacional está lejos de ser reciente. Durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner se firmó un acuerdo para construir las centrales hidoreléctricas Condor Cliff- La Barrancosa en Santa Cruz con un 70% de capitales chinos. También hay capitales asiáticos en la renovación de la red de ferrocarriles de carga.
Además, la Argentina viene renovando desde el 2014 sucesivos swaps con China por un valor de más de 18.500 millones de dólares disponibles en caso de necesitar liquidez en las reservas del Central.
La semana pasada, a través de un escueto comunicado y sin grandes precisiones, la Cancillería anunció lo que Biogénesis Bagó ya había adelantado en marzo: China viene a apostar -fuerte- a la producción de porcinos en el país. ¿Cómo? A través de la instalación de granjas para la cría de estos animales por medio de un acuerdo entre los dos países.

Inicialmente se habló de la exportación de 9.000.000 de toneladas de carne al gigante asiático, número que luego se corrigió a 900.0000 toneladas en los próximos cuatro años. Sin embargo, estas cifras encendieron las alarmas de pequeños y medianos productores porcinos y de ambientalistas por el tipo de producción agroindustrial que hace China y las consecuencias que acarrea.»A los chinos no les interesan los costos ambientales. Ellos tienen que alimentar a 1.300 millones de personas y ven en América Latina una buena oportunidad: buena producción, buenos campos, buena tecnología. Y garantizan una demanda constante porque quieren seguir creciendo y para eso necesitan una población sana y fuerte», sintetiza a A24.com Pablo Kornblum, doctor en Economía y magíster en Estudios Internacionales.

China es el mayor productor y consumidor de cerdo en el mundo. Sin embargo, entre 2018 y 2019 su producción se vio brutalmente afectada por la Peste Porcina Africana, una pandemia zoonótica producto del hacinamiento de los animales que obligó a las autoridades a sacrificar más de 200 millones de chanchos. Ahora ese país busca alternativas más seguras para producir. Y la Argentina, ya un foco de inversiones chinas, es un buen lugar.»Los chinos dicen ‘te di ferrocarriles, te hice la construcción de las centrales eléctricas y te di un swap que podés activar de un día para el otro. Ahora necesito un negocio enorme’. Y este negocio conviene en términos económicos, es un ingreso de divisas, pero también en términos políticos. La Argentina pasa a ser un aliado estratégico», sintetiza Kornblum.

Sin bien el acuerdo aún no se firmó y ni la Cancillería ni el gobierno nacional aportaron más precisiones, en off de record la versión oficial es que este desembarco se hará. Basta con ver el enorme gesto de Solá: en plena pandemia el ministro conversa con China.¿Cuáles son los riesgos ambientales?
El brote de Peste Porcina Africana se produjo por las condiciones en las que los cerdos son tratados en las factorías chinas: están hacinados y estresados por lo que su sistema inmune es muy deficiente y esto genera enfermedades. Este tipo de contagios pueden saltar a los humanos y producir pandemias de origen zoonótico como la del COVID-19.

De esta situación advirtió la ONU en su reciente informe «Prevenir la próxima pandemia – Zoonosis: cómo romper la cadena de transmisión», que insta a los gobierno a revisar este tipo de producción agroindustrial por los riesgos que conlleva.

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